{"id":293,"date":"2009-10-23T12:39:30","date_gmt":"2009-10-23T15:39:30","guid":{"rendered":"http:\/\/matiaslaporte.com.ar\/?p=293"},"modified":"2009-10-23T12:45:49","modified_gmt":"2009-10-23T15:45:49","slug":"el-oligarca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/matiaslaporte.com.ar\/?p=293","title":{"rendered":"El oligarca"},"content":{"rendered":"<p>Escrito por Rolando Hanglin para <a href=\"http:\/\/www.lanacion.com.ar\/nota.asp?nota_id=1188512\" target=\"_blank\">La Naci\u00f3n<\/a>, visto en el Facebook (pero tengo el tweet :P) de <a href=\"http:\/\/twitter.com\/briascoi\/status\/5034973550\" target=\"_blank\">Ismael Briasco<\/a>. Posteo motivado porque ayer le di 0.25$ a un trapito y&#8230; me la tir\u00f3 por la cabeza. S\u00e9 que fui un miserable, pero a) no ten\u00eda ninguna otra moneda encima (no le iba a dar un billete, porque era de 10$ y adem\u00e1s era el \u00fanico que ten\u00eda :D), b) el tipo en ning\u00fan momento me &#8220;ofreci\u00f3&#8221; cuid\u00e1rmelo porque, de hecho, c), no estaba cuando yo llegu\u00e9.<\/p>\n<blockquote><p>A las seis de la ma\u00f1ana, escuchando la euf\u00f3rica carcajada de los horneros, con un sol ya picante en la madrugada fresca, el se\u00f1or Fern\u00e1ndez sube a su auto en Ramos Mej\u00eda Norte, cerca de la antigua Avenida Gaona, hoy Acceso Oeste. Dispone de un peque\u00f1o garage, donde los chicos guardan tambi\u00e9n un triciclo y una bicicleta con rueditas auxiliares, m\u00e1s que nada para colocar estos bienes lejos de la mirada de los ladrones, que podr\u00edan tentarse al ver semejante bot\u00edn desguarnecido, incluyendo las s\u00e1banas tendidas en la soga del patio. Por lo dem\u00e1s, el candadito del garage no resistir\u00eda dos o tres empujones decididos.<\/p>\n<p>Parte el se\u00f1or Fern\u00e1ndez, la radio encendida, el alma llena de proyectos optimistas. No es el suyo un coche importante: apenas un Corsa de segunda mano. Pero se encuentra en buen estado y es un auto digno, de sobrio color azul marino, que Fern\u00e1ndez est\u00e1 pagando en cuotas desde el a\u00f1o pasado. Al cabo de veinte a\u00f1os como visitador m\u00e9dico especializado en insumos de ortodoncia, se siente recompensado por ese veh\u00edculo que representa, de alg\u00fan modo, su salida del proletariado peatonal.<\/p>\n<p>Al llegar al cruce, Fern\u00e1ndez frena respetando la luz roja. Se le acercan dos muchachos de uniforme con unos papeles.<\/p>\n<p>&#8211; Somos de los bomberos, jefe. Se nos fundi\u00f3 la autobomba. Ponga un mango, jefe.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfA qu\u00e9 bomberos pertenecen ustedes?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1A los bomberos, maestro! \u00bfNo sabe lo que son los bomberos! \u00a1Somos los que apagamos los incendios, somos!<\/p>\n<p>El segundo uniformado, m\u00e1s ceremonioso, se acerca con una sonrisa.<\/p>\n<p>&#8211; Es un pesito, pap\u00e1. Mir\u00e1 la rifa que tenemos: te gan\u00e1s un departamento en Mar del Plata, una camioneta cuatro por cuatro, un televisor plasma. \u00a1Cien mangos sale la rifa!<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfCien pesos?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed mi amor. Dame la direcci\u00f3n que tenemo que pasar a cobrarte todos los meses. Son doce cuotas de cien pesitos. \u00a1Pero mir\u00e1 los premios que ten\u00e9s! Es posta posta. Dale, dictame la direci\u00f3n&#8230;\u00bfQu\u00e9 calle es?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no puedo! Perd\u00f3n, muchachos, tengo que seguir&#8230;<\/p>\n<p>Fern\u00e1ndez arranca precipitadamente. El bombero (?) que se hab\u00eda apoyado contra la ventanilla, algo fastidiado por la maniobra brusca, se queda protestando.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Epa che! \u00bfQu\u00e9 hac\u00e9s? \u00a1Ten\u00e9 cuidado!<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Asesino! &#8211; agrega el otro.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Dios quiera que no se te queme la casa! \u00a1Despu\u00e9s llam\u00e1, a ver si te apagamos el fuego, gil!<\/p>\n<p>Fern\u00e1ndez los deja atr\u00e1s y pisa el acelerador por una larga avenida, sombreada por antiguos eucaliptus. A las 6:15 debe detenerse porque hay un corte: se trata de los ocupantes de un predio bald\u00edo. Han incendiado dos neum\u00e1ticos y baten el parche de tres bombos, en acci\u00f3n de protesta porque un juez insensible los quiere desalojar. Hay hombres encapuchados, armados de palos y piedras. Tambi\u00e9n mujeres con beb\u00e9s en brazos, ni\u00f1os de toda edad y perros. El predio con las chozas de cart\u00f3n se ve a unos 100 metros, custodiado por la polic\u00eda, que tambi\u00e9n ha determinado el corte del tr\u00e1nsito, formando una nutrida fila de vereda a vereda. Fern\u00e1ndez se acerca lentamente con su auto. Un oficial se le aproxima, ceremonioso.<\/p>\n<p>&#8211; Se\u00f1or oficial, d\u00e9jeme pasar. Tengo que ir a trabajar. Se me hace tarde.<\/p>\n<p>&#8211; No puedo, amigo. Desv\u00edese, busque otro camino. Tengo \u00f3rdenes de custodiar este corte para no criminalizar la protesta social. Circule, se\u00f1or. Estoy cumpliendo con mi deber. No me comprometa, se\u00f1or.<\/p>\n<p>Fern\u00e1ndez da marcha atr\u00e1s y retoma, al igual que otros furiosos automovilistas. Su cabeza empieza a funcionar m\u00e1s r\u00e1pido: debe encontrar un camino apto: tal vez la avenida Rivadavia. \u00bfSubir a la autopista en Liniers?<\/p>\n<p>A las 6:32, como un ratoncito acorralado, Fern\u00e1ndez se encuentra en pleno atascamiento. Ni siquiera sabe el nombre de esa calle, porque los carteles han sido arrancados, pero est\u00e1 en el l\u00edmite de la ciudad de Buenos Aires y la Provincia.<\/p>\n<p>&#8211; Somos los h\u00e9roes de las Malvinas, <em> men <\/em> . A ver si das una mano (lo apura un se\u00f1or de fuerte aliento alcoh\u00f3lico). Sus compa\u00f1eros se distribuyen a todo lo ancho de la calle, requiriendo dinero a los otros automovilistas. En este caso, Fern\u00e1ndez entrega diez pesos. Luego saltan \u00e1gilmente, ante los autos embotellados, dos acr\u00f3batas de 15 a\u00f1os que practican el sencillo truco de mantener tres bolas en el aire. Son de la Escuela de Circo &#8220;Patria o Muerte&#8221;. Tras el breve n\u00famero, los adolescentes pasan la gorra por la ventanilla de los autos. Son las 7:40.<\/p>\n<p>&#8211; Tengo que llegar, tengo que llegar -masculla desesperado Fern\u00e1ndez: avanza y retrocede bruscamente en movimientos cortos y luego retoma hacia atr\u00e1s, con un chirrido de gomas. Mira por el espejo retrovisor y ve a unos desconocidos que le arrojan piedras.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Asesino! \u00a1Asesino! &#8211;  Pero los gritos quedan atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Son las 9 de la ma\u00f1ana. Sudoroso, perdida ya la apostura matinal, Fern\u00e1ndez llega a su primer destino, un consultorio sobre la Avenida Nazca, ya dentro del territorio de la Capital. No hay estacionamiento. Despu\u00e9s de recorrer 20 cuadras interminables, llega a un gran letrero donde se lee &#8220;Parking&#8221; en letras rojas. Pero un hombre que lleva la camisa fuera del pantal\u00f3n, agitando un pa\u00f1ol\u00f3n sucio, le sonr\u00ede tristemente:<\/p>\n<p>&#8211; No hay lugar, no hay lugar.<\/p>\n<p>Fern\u00e1ndez no se dejar\u00e1 vencer tan f\u00e1cil. Vuelve a la direcci\u00f3n inicial y all\u00ed encuentra un claro perfecto, junto a la acera, donde estaciona con h\u00e1biles maniobras. Una vez colocado el coche, pone punto muerto y baja.<\/p>\n<p>&#8211; Te cuido el coche, pap\u00e1 &#8211; decide un muchacho que mastica un escarbadientes.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno&#8230;\u00bfCuanto es?<\/p>\n<p>&#8211; Veinte pesos, papi.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Epa! \u00bfNo es mucho?<\/p>\n<p>&#8211; M\u00e1s caro te va a salir si te lo rayan todo, papi.<\/p>\n<p>&#8211; Comprendo. Bueno, tom\u00e1.<\/p>\n<p>Media hora m\u00e1s tarde, cumplida su diligencia, Fern\u00e1ndez vuelve a su auto. El cuidacoches no est\u00e1 por ninguna parte. Seguramente se fue a tomar un vino o dos con los veinte pesos. Fern\u00e1ndez, satisfecho del deber cumplido, se sienta en su auto y prende el arranque. Al levantar la mirada, ve que tres muchachos armados de varas y tachos avanzan de frente hacia su autom\u00f3vil. Parecen grandes bichos negros de punzantes antenas. Cree que lo van a atacar.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no, no! &#8211; exclama aterrado. Fern\u00e1ndez ama a su auto m\u00e1s que a su mujer; los domingos lo lava, lustra y pule con ternura.<\/p>\n<p>&#8211; Te limpiamos el parabrisas macho. Un toque.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no, no!<\/p>\n<p>&#8211; Vamos, macho, solt\u00e1 un dinero.<\/p>\n<p>Sordos a sus reclamos, los tres muchachos pasan esponja y trapo por el parabrisas, se llevan sus diez pesos y se van.<\/p>\n<p>Fern\u00e1ndez vuelve a la ruta. Le faltan todav\u00eda ocho visitas. Pasar\u00e1 por infinidad de sem\u00e1foros. A lo largo de su viaje se topar\u00e1 con dos payasitos de nueve a\u00f1os, una mujer con su ni\u00f1o dormido en brazos pidiendo por caridad en las ventanillas, varios piquetes armados de palos, numerosos h\u00e9roes de las Malvinas y hasta unos j\u00f3venes que dicen pertenecer a los Pueblos Originarios. Cada uno con su alcanc\u00eda y su amenaza.<\/p>\n<p>Fern\u00e1ndez apenas interrumpe su jornada para comer un sandwich de chorizo en un dudoso chiringuito de la Costanera. El establecimiento no tiene agua, de modo que los chorizos nadan en un gran tacho de hojalata y de all\u00ed van directo a la parrilla. El patr\u00f3n, con unas manos negras de grasa y carb\u00f3n, arma el sandwich, ofrece una gaseosa tibia y chimichurri.<\/p>\n<p>&#8211; Esta botellita es con ajo, esta es sin ajo. A m\u00ed me gusta con ajo, jefe pero eso es cuesti\u00f3n de cada uno. S\u00edrvase.<\/p>\n<p>El chorizo result\u00f3 buen\u00edsimo y Fern\u00e1ndez se aleja agradecido porque pag\u00f3 solamente diez pesos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tanto caminar, hay que llenar el tanque de nafta. Son cien pesos. El operario se ofrece generosamente a limpiar el parabrisas, que de todas formas est\u00e1 impecable porque ha sido fregado ya muchas veces, y reci\u00e9n entonces inicia Fern\u00e1ndez su regreso a casa. Elige un camino despejado, aunque lleno de ladrones que esperan su oportunidad detr\u00e1s de los \u00e1rboles, y prende la radio para escuchar opiniones pol\u00edticas, reportajes de actualidad, las conclusiones de un d\u00eda m\u00e1s en la ajetreada vida de la ciudad y el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Inevitablemente se encuentra con un embotellamiento a las 18 horas, y m\u00e1s tarde una marcha de desocupados que exigen Justicia con grandes carteles. Algunos golpean el capot del Corsa con furia. Uno de ellos, tal vez achispado, le grita:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 te pasa, oligarca? \u00bfEst\u00e1s apurado?<\/p>\n<p>Pero al cabo de una hora el camino vuelve a liberarse y Fern\u00e1ndez enfila raudo hacia su discreta casita suburbana, donde lo esperan su mujer y sus hijos. Mientras escucha los afilados an\u00e1lisis pol\u00edticos, algo parecido a la felicidad comienza a brotar de su interior. Es que va ligero, con la ventanilla abierta, en mangas de camisa, meditando sobre un d\u00eda fruct\u00edfero: a pesar de todos los impedimentos, consigui\u00f3 trabajar.<\/p>\n<p>Y hay algo m\u00e1s: lo han llamado &#8220;oligarca&#8221;. Mientras entra, con noche de luna, en su barrio, oliendo jazmines y mirando a derecha e izquierda (el momento de la llegada a casa es el m\u00e1s peligroso, por los asaltos a mano armada) el se\u00f1or Fern\u00e1ndez piensa que, en efecto, tiene algo de arist\u00f3crata. Posee una casa y un auto. Por eso lo persiguen los polic\u00edas de tr\u00e1nsito, cazadores de multas, y lo hostigan los desheredados del mundo. Fern\u00e1ndez es ri-co.<\/p>\n<p>Baja del auto, se desespereza y pone la llave en la cerradura. Se siente un Anchorena, un Pereyra Iraola, un Alzaga Unzu\u00e9. \u00a1Oligarca, le han dicho! Como todo argentino, sue\u00f1a que es un estanciero que posee infinitas hect\u00e1reas de pampa h\u00fameda y que se embarca para pasar medio a\u00f1o en Par\u00eds, llevando a bordo la vaca lechera: \u00bfPor qu\u00e9 no? Es bueno tomar un desayuno natural, por la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Modestamente, uno ha llegado.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por Rolando Hanglin para La Naci\u00f3n, visto en el Facebook (pero tengo el tweet :P) de Ismael Briasco. Posteo motivado porque ayer le di 0.25$ a un trapito y&#8230; me la tir\u00f3 por la cabeza. 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